
Alguien debería haber escrito la elegía tremenda a la mujer que fue, a las ganas de desenterrarla un día, quitarle el polvo y peinarla como una muñeca. Alguien llorará porque sus pechos ya no son lo que eran, ni su espalda, ni sus manos. Porque ese alguien seguro que llora como yo con los documentales, y sufre con las horas, los vientos y las multitudes. A quien sea que me entienda le ruego que lo cuente, porque me siento inmunda, loca, paranoica, y muda, por no poder contarlo, porque sé que cualquier día me implosiona desde dentro.
Y entonces sí que de los restos gelatinosos se verá el latido.
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