Cuando hablo de mí, en mi jardín, mi huerto, también hablo de mis hombres, claro. Del que ayuda comiéndose los tomates, y del que ha trabajado duro a pesar del sol, quitando malas hierbas, plantando, y trabajándolo cuando la tendinitis me tenía inutilizada. Del que se fue al río a buscar ramas para los tomates, del que instaló la arquitectura, del depositario del tan valioso know how porque ya lo había vivido (¡todas mis amigas saben que me enamoré de un hippy que vivía en la montaña y tenía gallinas y un huerto!)
Pero vaya. Que mi huerto es también el huerto de Pol, de Nik.
jueves, 11 de agosto de 2011
miércoles, 10 de agosto de 2011
Felices vacaciones, mon jardin
En los principios de la lengua española solo existía la palabra huerto, no jardín. De hecho, los franceses hablan de sus verduras de jardín, que queda la mar de poético en oídos de un hispanohablante. Y es que fueron ellos los que introdujeron "jardín" como palabra, que pasó a designar a las plantas decorativas (cómo no, estos franceses). El huerto, para la comida. Mi huerto es bonito con sus acelgas, sus lechugas, sus puerros, sus cebollas, sus calabacines, sus tomates, sus pimientos, su berenjena (sí, solo una, qué voy a hacerle), sus tomatitos cereza. Y yo lo veo bonito, siempre. Mon jardin.
En todas las historias de la literatura hay cantos a las cosechas, o del momento de la cosecha. Son cantos alegres, el paisaje está florido, las plantas han dado su fruto, las carnes de las mujeres se dejan ver gracias al calor de las labores del campo y del estío, se vive en la calle, se celebran los días de sol.
Hoy lo entiendo, y cómo. Estaba haciendo salsa de tomate (tal y como aprendí de la abuela piemontesa de Fabio) porque teníamos excedentes de tomate, y hace ilusión reencontrárselos en invierno en una pasta, o un caldo, o unas albóndigas.
Entonces he salido al huerto, a ver si había más (hace 2 días que no hacía recolecta). Y he vuelto a llenarme las manos. De regalo tenía también una lechuga y un calabacín.
He dejado salir a Mateo, a pesar de su catarro, a que recolectara él también. Ha pescado dos tomates (no he conseguido una foto de él mientras se los comía a dos manos, una lástima).
También me he acordado de Renate, que viene a vivir con nosotros dentro de un mes, y quiere ocuparse ella de las especias, así que le he hecho una fotito a las pocas plantas aromáticas que tenemos de momento. Pero también estaban de un verde rabioso, y también han entrado en la salsa de tomate.
Ya nos vamos a Cádiz, nos queda una semana de Versonnex antes de las vacaciones. Una semana de huerto, de salsa, de recoger verduras, de regar por las noches, de comer tomates entre horas, de quitar malas hierbas, de mirarlo desde la ventana, de compartirlo con los animalitos, en lugar de poner pesticidas. Y una semana de Escargot, de silencio, de tranquilidad, de soledad, también (para lo bueno y para lo malo).
A la vuelta, en octubre, no creo que haya más jardín (hasta el año que viene). Pero necesito (necesitamos, vaya) un punto y aparte. Echarlo de menos, tener ganas de recomenzar, de pasar el rastrillo, de vacaciones. A pesar de todo me iré encontrando mi huerto en invierno, en forma de salsa de tomate. Espero saber quererlo también entonces.
Felices vacaciones.
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