jueves, 24 de noviembre de 2011

El indolente

He cerrado la puerta dejando fuera el invierno.
A la ventana, delicadamente protegida
por sus nubes domésticas, se ofrece esta intimidad.
La lámpara tiembla de dicha esperando
alumbrar unas horas de bello trabajo. Tierno
homenaje del invierno, ¿por qué no nieva, por
qué no llueve?... Pero hace frío: el radiador no
calienta. Siento, luego existo. Y esta tibia sensación
no me da tanta certidumbre de mi frágil y
divina existencia como la que proporciona a
mis ojos esa imagen atónita que se adelanta
desde las profundidades del espejo. ¡Intacto
placer! En vano el tiempo envía soles y lunas
para advertirme de su perenne huida. Persisto,
melancólicamente, en inclinarme hacia el bello
arco de esas cejas, la línea ondulante de esos labios.
Son míos y los contemplo ajenos. Al separarme
del cristal me pierdo a mí mismo y solo
me devuelve esta vana tristeza, inútil y preciosa,
que se mece sobre mi frente.

Luis Cernuda: “El indolente”, Prosa española de
vanguardia. Madrid, Ed. Castalia, 1999.