Mi niño duerme con las manos cerradas, como queriendo agarrarse a algo de lo que ya no se acuerda. Duerme a ratos y a ratos se despierta. A veces lo oigo gritar desde la habitación donde descansa y me acerco a acunarlo. Pero no siempre grita despierto. Mi niño tiene pesadillas y uno se preguntará con qué sueñan los niños recién salidos del útero. Yo lo miro desde el borde de sus sueños y le cojo la manita, porque sé que así descansa mejor, entorna los ojos o incluso se atreve a cerrarlos.
Qué mundo tan terrible éste, pobre niño. Lo malo es que por mucho que duermas eso no se pasa, y por eso yo te doy la mano, al menos eso.