El lobo se paró en la primera estación de servicio y se cuadró en la barra. Examinó a la camarera y se pidió un café solo para completar el sabor del cigarrillo. Hacía calor y tenía el sudor hediondo de quien no espera a nadie (de quien no es esperado).
La camarera, maquillada por encima de la pintura de ayer, le sonrió al entregarle el ticket con el importe.
- No sabe a nada, esta sonrisa. Póngame otra, por favor.
- Entonces dígame cuántos cafés va a tomar en esta barra.
- Sólo hasta que el último sea gratis, como en las tragaperras.
- Váyase a la mierda. O quédese aquí y haga que sonría de otra manera. Usted escoge.
...
Por el bien del lobo, espero que se haya quedado hasta tener que cambiar el café por whisky.
ResponderEliminarGENIAL, PROFUNDO Y DESGARRADOR, A LA VEZ QUE DIVERTIDO. LIBRO YAAAA!!!!!!
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